miércoles, 6 de mayo de 2009

Ocho minutos





Tengo ocho minutos
para escribir
un verso que me dibuje,
que me relate.
Un verso que me delate.

Ocho minutos para encontrar un recipiente
tan profundo
que sea capaz de albergar toda la tristeza
y ponerla a salvo
de los alegres que habitan ésta superficie.

Tengo ocho minutos;
que ahora son cuatro,
para alinear mi cuerpo en la verticalidad
y ponerlo a funcionar en línea recta.


No nos vemos.
Me fui.



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