lunes 20 de febrero de 2012

A Luis Alberto Spinetta





Es un día tan triste

La lágrima sobre el diamante

se supone

El plástico del cd astillado

en su propia existencia limón

prueba del paso inevitable

y certero

La huella ácida

camino de Caronte

Adentro del ojo

la melancolía niega toda verdad

y se sujeta

La lágrima resiste:

no es mi padre

Afuera pasa el día de los hombres

La jornada trivial

Las repeticiones

Conozco la sensación

de ver morir a un gigante

Dormir el abandono en la altura

volando a casa

y no llegar

siquiera

a acariciar ese escondite

La ausencia ahora

es esta voz mil veces más mía

Palabras repetidas sin guirnaldas

Frases cerradas

aunque huérfanas del eco creador

Símil bahión

que no significa nada

pero igual ilumina

Amputada la melodía

no corrige el rumbo

Se ubica en un espacio sin padre

Pedazos de sonido

esparcidos sobre la vida

La herencia desordenada

El obsequio disperso

Rompecabezas

La última ironía

de Perseo

que elige la verdad

a la tierra.










jueves 8 de diciembre de 2011

Partes para un hijo




Cuando te vuelva a mirar

y seas diez

veinte años más

y la experiencia te confunda

como a mi, ahora

Cuando no te alcancen

los laberintos

y seas acá

o en otro país

pero seas vos

Mi rubio

con esa cara de quererte

que ya te quieren

Cuando te falte

o sólo consigas de mi

una sombra

Cuando no tengas

o no quieras

o elijas negarme

Porque hay que negar hijo

Para aprender a querer bien

hay que aprender a negar

casi todo

Y ese dolor primero

ya lo verás

Ese dolor

después se transforma

La luz es más intensa

Yo la veo ahora en tus ojos

Mis viejas disputas

mis abandonos

Todo mudado

en este amor torpe pero brillante

A borbotones

Apresurado

De hoy

Cuando te mires al espejo

y sólo encuentres

la herencia en vos mismo

Está bien

Es lo que tiene que pasar

El tiempo

se ocupará de resolver

esas soledades

Uno a uno

nos irá poniendo en tu cara

para que cuando te mires

puedas vernos

Y

dentro de muchos años

Cuando descubras

la otra verdad

adentro de la la verdad

Cuando el padre

se haya esfumado

y se revele el hombre

Ese día

Hijito mío

vas a ser más libre.




Lectura para mi juventud




El canto que arrastra

Templa

Será de mañana

Bolaño y su Flandes

Andino

Este Madrid de sol

Y secretos.






jueves 1 de diciembre de 2011

Herencia




Mamá se sentó

y la televisión gritando

alma amordazada

aquella

Maniatada

borracha

Mezcla triste en el humo

azul

Chesterfield

de tardes vacías

Mamá se sentó

y paralizó la niñez

Fantasma plateado

en la mesa

de siempreluz

observo

ahora

mientras repito calcando

copiando el simulacro

muriéndome

igual de cáncer

de mamá de páncreas

de terapia intensiva

tumor del tumor

del tumor

extirpado

maligno como una vacante

como un abrazo

vacío sin cuerpo

atávico y en el humo

azul

la misma mezcla

orbitando

las estancias más frías

las manitos así

apretadas

que no se vuele

hechas de hielo

sin aire

nueces cerradas

como un ataud

cae sobre la tierra

se parte

y se pierde la herencia.





viernes 18 de noviembre de 2011

Desaparición




Más chico

que la estatua del tipo ese

que es piedra de hazañas.


Más chico

que el libro abierto

en ese verso,

clavado en la emoción;

sangra inteligencia

y así noquea.


La sensación de vigilia

nos mantendrá a tientas

pero con vida

en el mundo negro.


Más chico

que el recuerdo de mi club

aquel día de lluvia.

Los pantalones rotos

en las rodillas,

el jogging nuevo herida de mi vieja

y su esfuerzo subrayado,

ahora impostura.


Un guante de sastre

la maternidad.

Recuerdo dulce, recuerdo lácteo

el joven decrece;

el niño ahí

el niño panza,

ahora es todo bolsa,

miedo líquido.


Más chico

que el temblor éste

mientras afuera

la lluvia.


Llegando a la desaparición

fálica de un encuentro,

no somos ni siquiera memoria.











viernes 11 de noviembre de 2011

Nada me guía




Fuera de mi

el juego que conjuga la novedad y la rabia.

Exceso de prudencia,

el silencio y las piernas cruzadas

encierran la casualidad

que pretende ser resuelta.


Nada me guía.

Todo se intuye.








lunes 31 de octubre de 2011

Muerte de un animal

El campo, a esas horas, es una enjambre manso de soledades. Los árboles allá; agrupados y silenciosos, los perros echados con la panza en el fresco y la casa al fondo; un islote en medio de un océano vasto y frondoso que se acaba dónde la vista no alcanza a ver. Ni el rumor del pueblo en la distancia sugiere un pueblo. La ruta después del camino de tierra, más allá del portón de madera y hierro, ni siquiera silba.

Bajo el ombú, la jaula oxidada vence al animal y no lo vemos; un amasijo marrón que arrasa con el conjunto de exactitudes y lo altera afeándolo levemente, una miga rugosa hundiéndose en un vaso de agua.

En la cocina el hombre observa por la ventana. El rifle apoyado sobre las rodillas no reluce. El gesto del hombre se presenta aséptico y ausente; ojos vacíos para otear al animal que ahora se mueve.

Las moscas alrededor de la cabeza santifican al bicho, una corona de desgracia que revolotea agitando la quietud y haciéndola incluso, un poco más tensa.

La pava chifla y el animal se incorpora. El sonido del vapor a presión y el movimiento del rey coinciden en una misma alarma con su inmediata consecuencia. Aunque no es una advertencia real ya que el grito de la casa es mudo y el animal demasiado viejo para escucharlo.

El hombre mira a la bestia. El pelaje apoliyado y roñoso, y una parva indefinida de años acumulados en los mazacotes de pelusa percudida. La fuerza justa para estirar la cabeza y bostezar con la boca inmensa y podrida; la boca de un anciano.

El hombre respeta a ese animal, en secreto. Añora a la bestia, eso sí, pero no la culpa, más bien todo lo contrario. Los años de encierro con el campo ahí nomas, la libertad detrás de los hierros que nunca llegó a comprender; los pasos cortos en ida y vuelta, en redondo, hasta caer exhausto de incomodidad. Día tras día, año tras año, venciéndolo hasta transformarlo en esa idea; en la proyección física de una realidad que parece pero no es.

Y aquí, el remordimiento del hombre y su conciencia, la culpa merecida. Tan viejo el monstruo y tan encerrado, exacto a su simulacro; aunque algo más triste, más abatido.

Apoya el rifle en el suelo y agarra el mate. Acomoda la bombilla en la yerba, echa el agua caliente y en el aire se dibuja un fantasma de vapor que no dura; luego chupa.

El cristal de los ojos se humedece.

No mira el reloj. Toca la esfera redonda y el frío suave y abombado del tiempo parece chistarle que no hay espacio para más demoras, que ya debería estar saliendo.

Levanta el arma del suelo; no duda, y comienza a caminar hacia la puerta. Quince pasos firmes y encorvados; sale al rellano. Los perros lo reciben a los saltos. Se los saca de encima pero sin palabras. Lo hace con la contundencia de ese andar decidido; los clava sobre la tierra y los deja ahí, mirando en blanco y negro su silueta alejarse en brioso desfile, en marcha corajuda hacia no se sabe muy bien qué valentía.

El monarca lo espera de pie; erguido, el pecho hacia afuera y la vista al frente, y mientras el hombre avanza el animal va ganando en envergadura; recuperando con cada paso parte de esa majestuosidad abandonada en el baúl de la memoria.

Frente a la puerta de la jaula el hombre echa un último vistazo a su cautivo.

Desde dentro, la bestia observa a su captor y no hay rencor en el gesto.

El hombre saca una llave herrumbrosa de su bolsillo y destraba el encierro. El animal no se mueve.

Abre la puerta. Entra.

El animal da dos pasos hacia el hombre.

El hombre levanta el rifle.

El León se agazapa; aunque nunca sabremos si lo ha hecho para atacar o en señal de renuncia.

En el pueblo se escucha el disparo. Revuelo de pájaros.

La puerta de la jaula está abierta. Los perros ladran.

Un animal acaba de morir.

Recostando sobre la hierba, el otro animal mira una puerta abierta y no calza en ese símbolo, ningún tipo de libertad.






martes 27 de septiembre de 2011

Casa compartida II




-¿Querés un café?

-Venga…

-¿Azúcar?

-Dos, por favor.


Nos sentamos a la mesa

de la mañana, sin análisis.


Todo está bien.