miércoles, 31 de agosto de 2011

El archivo del exilio





Cajas y cajas de memoria borrosa.

Clasificar el lugar del que se ha salido

mientras se desentiende

el sitio del que uno no es.

En esos idiomas paralelos;

un tu, pozo hondísimo

en el que el vértigo afloja las piernas.


Calles pegoteadas, ¡cómo cuesta

llevar un camino recto, amigo mío!

El paso no termina

de ser del todo propio,

por eso pesa más.


Hay tantos cielos

y tantas tierras en el mundo;

parajes que nos despertencen,

que nos descorresponden,

que sólo se vuelve a casa

cuando la mirada renuncia del exterior

y uno encuentra los ojos de adentro.


La casita del exilio es el pasado

pero como los parques más verdes,

a veces no se puede pisar.


Llénese de aire el pecho, compañero

y airee la nostalgia;

la pena será esa camisa con botones

que a veces tendrá que arrancarse

a lo increíble Hulk.


Y siga viviendo en usted,

sea orgulloso y solitario;


el único habitante del país de su nombre.






sábado, 23 de julio de 2011

Feliz sábado

Este sábado caluroso

cumple tu día

reemplazando tu cuerpo ausente

por un cielo, en apariencia,

democrático.


La tarde confusa

te ubica sobre las cenizas y las cabezas,

coronando la vida de los otros

y la memoria.


Yo te saludo

como se saluda a los invisibles;

puertas para adentro-

una vela encendida en el secreto.


Piloteando una sonrisa en esta mueca triste,

no parece pertenecerme este festejo.


Feliz sábado, revoleo por la ventana.

Y no te llega.



Y no me siento mejor.




martes, 28 de junio de 2011

Tandarica




Nos sentamos en una mesa

a debatir el futuro de 450 pibes

entre bostezos y nervios.

En reuniones como ésta

suele haber todo tipo de perfiles.

Están los que atan la tanza al anzuelo

sin que los vea nadie.

Están los que cargan el arma arriba de la mesa.

Están los farmacéuticos de espíritu

y los mercenarios que tienen un precio

tatuado en la frente.

Están los románticos que perdieron el romanticismo

y sólo les queda la pose.

Están los que saben de lo que hablan

y están los que saben mucho de lo que hablan.

Los que no saben nada; nada

de nada de nada, suelen ser los más simpáticos.


Yo estoy en el borde de la mesa,

invisible pero en mi camisa.

Me miro en el espejo de refilón

y veo un payaso triste.

Me como una medialuna

intentando no hacer demasiado ruido.


Pienso en los 450 pibes aún sin cara

y en lo que les espera.


16 leones para 450 gacelas. Y un payaso de árbitro.


Saco un Tandarica y me desplomo contra el suelo.

Me rompo tres costillas y me jodo la clavícula.

Nadie se ríe.


Me levanto y me siento a terminar mi café

aunque no puedo respirar bien.


Se te corrió la pintura,

payaso pelotudo…


Es así, respondo; la lágrima negra del payaso triste.


Todos se ríen.





lunes, 20 de junio de 2011

Cotidiano




Las escenas de la vida cotidiana.

Despachos de blanco.

El ruido que llega de la calle,

primero los autos,

después todo lo demás.

¿No deberían las hojas de los árboles

ser mucho más ruido que todo lo demás?

Mezclo en el café

jefe, rutina y aburrimiento.

Me quedo piola.

Espero el próximo movimiento

que el azar tiene pensado para agitar mi día.

Un mueble de ikea

me amenaza desde el rincón del despacho.

Perfectamente ordinario.

Matemático. Triste.


Busco una excusa para quedarme en mi silla.

No tengo hambre.


Ojalá alguien viniese a regarme el ánimo.




martes, 24 de mayo de 2011

La cama y la muerta

La volvió a tocar y el mármol de su piel le susurró que ya no volvería a despertar.
No sólo el instante era un instante muerto, también la habitación y el papel floreado sobre las paredes; y la ventana con los vidrios llenos de dedos, y el exterior luminoso y vacío; y la calle, y los árboles impregnados de ese otoño marrón y apretado de principios de Abril.
Una mañana sin vida. El despertar de un día de enfermedad; ahora sin vida.
La tomó suavemente de las manos, apoyando las yemas de los dedos en la palma ingrávida que aún guardaba un rastro de sudor invisible. Tuvo miedo de sujetarla con más fuerza y que una parte de la muerte lo atravesara y lo partiera en dos. Aunque ya estaba roto. Llevaba roto demasiados años.
La destapó. El frío no podría arruinar otra semana más, dejando en el cuerpo de María, una nueva invasión. Ningún ejército en esas tierras resultaría ahora una amenaza.
Le retiró las medias y las apoyó cuidadosamente en el suelo. Al hacerlo no pudo evitar quedarse mirando durante algunos segundos las pantuflas, que sus pies; ahora descalzos e inmóviles sobre la cama, ya no volverían a calzarse. No hay visión más triste y desoladora que los zapatos vacíos de un muerto, son la prueba inequívoca de la desaparición, de la extinción, de la fuga. Por eso no los tocó, prefirió levantar la mirada y comenzar a desabrocharle el camisón, aún húmedo de la noche anterior. Sus manos se estremecieron al sentir el agua de María presente sobre la tela. Dos días después pensaría en lo extraño que le había resultado que una parte de ella hubiese sobrevivido a la muerte alojándose en un trozo de ropa, empapándola hasta convencerlo de su engañosa existencia.
Retiró el camisón, con cuidado pero con la torpeza con la que un empleado nuevo desviste a un maniquí. Lo dobló y lo llevó hasta la silla; lo apoyó con timidez, como si en realidad estuviese depositando una parte de ella que aún latía.
Se agachó y se dejó llevar por el perfume a enfermedad de los últimos años.
Quiso llorar.
Volvió hasta la cama; se sentó, agotado de dolor; de desesperanza.
El sol se coló por la ventana iluminando el cuerpo inerme de la muerta, vistiéndolo de una palidez de porcelana que estremecía.
No pudo llorar.
Primero la miró a los ojos; el verde se había apagado definitivamente y ahora era casi gris, ya no había en ellos la profundidad del sufrimiento, ni la huella que se descubre en la mirada de los que han transitado ese camino que sólo conocen los enfermos. Sus ojos; más ausentes que nunca, lucían tristes pero cristalinos; una pileta con agua en un atardecer de invierno.
Le observó la cabeza. El cráneo sin pelo; redondísimo, luna llena en mitad de la noche, brillaba apoyado sobre la almohada. Pensó en acariciarlo pero sus manos prefirieron la inmovilidad.
La visión del pecho y el vientre desnudo gobernado por el más frío de los abandonos, lo hizo levantarse de un salto. No había espacio en el que depositar más angustia, así que tomó distancia y echó un último vistazo.
Una cama y la muerte.

Su cama y su muerta.


Desde la calle llegaba la voz de una mujer gritándole a su hijo que no era hora de ir a la plaza. Un grupo de chicos corriendo a toda velocidad. El ruido de las hamacas cuando no tienen ningún niño encima y chirrían hasta que al final alguien las detiene. Bocinas que modulan en el horizonte y luego desaparecen. Perros que ladran. Bicicletas que se alejan. Coches. Gente.

Y lejos, allá donde la vista no llega, algo que suena pero que no logramos identificar qué es.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Ahora

Está pasando algo, en apariencia poderoso. La gente está en la calle y yo en la oficina. Me cuesta la calle. Soy; desde siempre, un inútil social. La re puta madre que lo parió. Me encantaría echarme a la calle.

Escucho cosas por ahí que vengo escuchando en mi cabeza desde hace un tiempo y no quiero; bajo ningún concepto, tener la estúpida soberbia de siempre. La soberbia esa que achica. La soberbia que destruye, que reduce ideas, que transforma lo visible en invisible.

Lo que suena, suena bien. La puta si suena bien… Y lo que no suena, ¿no es este el momento de ponerle voz a lo que no suena?

Me subo a este punto de partida que no es de nadie y es de todos; siempre fui soldado del sentido común.

Suena de puta madre. Suena de putísima madre.

Los pies y los huevos y el cerebro, bien en el mundo; ahora mismo.





miércoles, 4 de mayo de 2011

Mapa

Me gustaría

mirar por la ventana,

los ojos vendados

como papel de calcar.


La cara

es el escudo que me cuelgo

para ser mi familia

-el resumen de mi padremadre-

en lo que imagino

sus treintaypico.


a veces, desde afuera

intento el calco

-el recuerdo empieza a ser vago-

los ojitos chinos

la risa, ésta, que clavo en repetición,

que se me sale del pecho,

como un tiro

y se apaga, luego,

muda como los pelos de una alfombra.


Azul era, la de la infancia.

Y las marcas del pis de los perros,

petrificadas amarillentas,

la Dude de rodillas

rasqueteando su vejez más hermosa,

haciendo en ida y vuelta

un mapa preciso

para que ahora no me pierda.


Las arrugas me las quedo.

Son mías.

Ese surco nítido será mi tesoro.


Para mirar por la ventana

no hace falta memoria.


Los ojos vendados,

las manos de mi abuela.






martes, 3 de mayo de 2011

Diario de oficina 100311



La puerta se abre y se cierra y entra gente, y sale gente.

Últimamente mi capacidad de tolerancia y paciencia ha mutado en un autismo teatral. Estoy y mis gestos son los míos, digo: cara, nariz, boca, ojos… y por qué no, el resto del cuerpo en su totalidad; la forma en que me río después de una pregunta, la mirada torva frente a un comentario sin sentido, los hombros tensos casi todo el tiempo, etc. Pero al mismo tiempo estoy dentro de mi cuerpo, en modo submarino. Lo exterior es el caparazón, el refugio, el bunker; la fachada del teatro.

Por fuera sigue la arquitectura, como siempre fue, aguanta ahí, incluso armónica, no hay cambios sustanciales; alguna cana más, alguna arruga. Casa tomada, eso sí. Todo lo intacto por fuera, es desorden y caos dentro. Perriflautas en el alma que cagan y mean en las esquinas de mi casacuerpo.

Un pedazo de yo minúsculo comanda el ostracismo desde una cabina que queda justo detrás de mi ojo derecho; las paredes interiores de mi ojo derecho son rojizas y viscosas y me siento en una butaca negra hecha de quién sabe qué, enfrentando el cristal abovedado. La luz; estroboscópica a causa del párpado, llena de silencio el negro ese; el ausente ese fuera del mundo.



Cuesta salirse de uno. Va siendo hora, me repito. Pero la voz rebota sobre la parte de adentro del cráneo, viaja por el esófago y termina el los ácidos del estómago. Una voz que se disuelve y ya no es ni ruido.





jueves, 28 de abril de 2011

Diario de oficina 180111

Pienso en mi amigo,

el expublicitario.

Mi amigo el expublicitario

que un día se hinchó las pelotas

y medio persiguiendo una vocación escondida,

medio -lisa y llanamente –

con las pelotas como dos mundos;

fue hasta su oficina

saludó a sus compañeros

hizo un arreglo desfavorable con su jefe

acomodó una caja con sus bártulos

bajó a la calle

se metió en un bar

y se tomó un café

con leche y dos medialunas.


El primer café con leche y medialunas

de mi nuevo amigo, el ENESEMISMOMOMENTO actor.


Me pregunto qué cosas

me impiden ver florecer un valor similar

al de mi amigo el ahoractor.

Qué lista podría diseñar

desde mi cobardía de silla caliente y oficina con techo,

que me consuele

durante un par de horas.


Hago un boceto rápido sobre el papel

y sale así:


Alquiler.

Comida.

Bebida.

Agua.

Luz.

Gas.

Una novia que necesita viajar para

sentir que no se está equivocando.

Un hijo que; me convenzo,

me necesita holgado.

Algún viaje.

Cigarrillos.

Colegio.

Juguetes.

Marcadores que pintan mejor que los otros marcadores chotos

pero que son carísimos.

Ropa.

Discos.

Libros.

Y por último,

una férrea conciencia que me dice que no sé hacer nada más

que lo que hago para vivir. Absolutamente nada más.


Reléeo mi lista.


La última línea me tranquiliza

y me intranquiliza a partes iguales.


Subo y me sirvo un café con leche

en la máquina que prepara

esos cafés tan ricos que sólo me gustan a mi

y aprovecho para alegrarme por mi amigo,

el ahoramismo actor.


Mi amigo el actor que me saluda

desde un escenario

con un bigote pintado a lo Groucho Marx

y yo pienso; qué pelotudo

y la re

concha

de tu madre!



Pero lo pienso, no lo digo

(hasta para esto me falta valor)






lunes, 25 de abril de 2011

Tragar solo

Se murió un miércoles por la noche.

Un miércoles de semana santa.

Un miércoles del año dos mil once,

en el fatídico mes de abril.

Se murió, decía,

proyectando una sombra sobre el océano.

Una sombra alargada; mancha de tinta china,

que dibujó al hijo en el apuro y lo puso

de un bife,

buscando las alas de metal y encontrando

su propio silencio en la altura.


Ahora el padre es ese recuerdo sorprendente,

vivo, únicamente en la plaza de la memoria.


Con su remera de river, lo imagino.

Con su carne aún caliente

y el block sobre las rodillas;

dibuja al hijo que posa su ausencia

en total desconcierto.


Y se traga la vida el pibe.


Se la traga de una

y con dificultad.

Con la contrariedad que supone

empezar a tragar solo.




martes, 1 de marzo de 2011

Tengo mucho más por leer
que lo que tengo por escribir.

lunes, 24 de enero de 2011

Atrás de la noche

Noche para atrás

-soledad-

El agua del dolor se congeló

En la ciudad

El pibe piensa poco - igual camina

Se le hace marihuana el corazón

Todo bien

Todo mal

Corre

Corre

loquito

atrás de la noche





martes, 14 de diciembre de 2010

Los gusanos no guardarán su memoria

Dibujo un tren imaginario con mis dedos.
Un tren que viaja hasta el principio de la vida
y luego vuelve
con el milagro del viaje apilado
en sus vagones despedida.

Los ojos observan esa vida desde esta distancia.
Desde la estación en la que abandoné
mi valija
y reinventé a mi padre muerto;
y lo hice aquí y ahora y más vivo.
Y entonces
ya no hay llanto que justifique lo que vendrá
porque este mismo instante
es este mismo instante que no volverá a repetirse nunca
la enfermedad aún sin muerte aún sin miedo
la respiración constante, entrecortada pero continuista,
la certeza perpetua;
el imaginario inconciente de cualquier inmortalidad.

Ese infinito de la carne que se conserva
bajo esta tierra;
y los gusanos no guardarán su memoria.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Ningún otro paso

Desperezar lo visible. Sobre todo lo visible.
Le tiro una cachetada al tedio. De las que duelen.
Mis pies sobre la mesa, extendidos hasta el hartazgo -
me amenazan en el kilómetro mil.
Una prolongación que no me pertenece
y que sabe cómo sacar el cuchillo.
Un apéndice dormido. Insultantemente inmóvil.

Me rasco la cabeza.

Pienso qué pudo ser lo que me trajo hasta acá.
Pero no tengo respuestas afiladas para preguntas pelotudas.
Hace un tiempo que ya no tengo. Paciencia, digo.
Pagaría dinero de mi bolsillo por recuperarla.
Y claro, miento.
Quiero gratis que se me reconozca el esfuerzo.
Todos estos años.
La inversión constante en fabricar un lugar mejor para nadie.
Vuelvo a mentir.
En ese departamento ordeno las cosas para unos pocos.
Me incluyo pero mirando desde la terraza.
Esa falsa humildad que nos hace ponernos fuera de lo que es nuestro.
Tengo patente en esta cátedra.
Soy dueño del idiotismo que rechazo en los demás
y la magia, muchacho,
la magia es una ilusión que hace creíble un mentiroso.

Me miro las piernas. otra vez.
Con los pies allá en el horizonte.


Y no imagino nuevo - ningún otro paso.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Cansado

Estoy cansado.

Cansado de la libertad como concepto inabarcable y vacío.
Cansado de mi acotado terrenito en esa ausencia.
Cansado de las contradicciones que genera ponerse libertad entre los dientes
y sentir el agrio incómodo del libre encierro

Cansado de todos los que se erigen libres,
- revolucionarios de la pelotudez -
y permanecen presos de sus propias palabras
- de sus leves impulsos -

Cansado de mi.

Cansado de mirar alrededor y no encontrar – nunca - nada que me contenga.
Cansado de no hacer nada.
Físicamente cansado - cansándome de todo.

Cansado de que sea mi hijo el que siempre me salva.
(Pobre ángel mío - que en mi secreto - quién sabe cuándo -
sufrirá ésta carga que le dejo en herencia)

Cansado de los diarios y de los anuncios publicitarios.
Cansado de los publicitarios.
Cansado hasta el hartazgo de la estupidez:
Del ingenio
Del genio
De lo inmediato
De lo maduro

Cansado de mi orgullo y del orgullo del orgulloso.
Cansado del ego.

Cansado del miedo de los egocéntricos
De la timidez de los tímidos
Y de la obviedad de los talentosos

Cansado del talento
y de la transparencia del talento

Cansado del lento movimiento de la lucidez
y de los raptos de locura.

Cansado de la cordura - que tanto bien nos hace -

Cansado del televisor encendido
y de la madrugada -pausada y pastosa-
estirándose y ocupando la tristeza.

Cansado ahora mismo.

Me acuesto cansado.



Y no me duermo más.

martes, 1 de junio de 2010

El laberinto



El centro es la excusa.

Hay un descanso de mármol,

ahí nomás.

Y una fuente sin agua.


Se mastica

la tensión de haber llegado

a un lugar

en el que

te sentís

más perdido que antes.


El silencio apura.

El viento lima las hojas

incrustadas en la piedra.

Silba.


La tarde

es un lamento

de niño que crece

y se hace noche.


No sé levantarme.


Juego al miedo y a la soledad.

Y tengo miedo.

Y me siento solo.


Busco subterfugios

para quedarme a vivir acá.


A medio camino.


A una vuelta

de laberinto

de lo que aún me queda

por caminar.




miércoles, 14 de abril de 2010

Sorpresa




Para que no se mire.

Taimado como perfil que se supone.
Giro el gesto.

Engendrado el grito
sale en voz bajita – controlado-
y el muchacho no baila.

Semueve – eso sí.
El vaivén imperceptible
de un mar planchado.

Desaparezco ahora.
Fideíto houdini se pone de costado
Y ya no está.

Fuimos a comer a un subsuelo
y nos recibieron con un nombre.

Sueno a lo que dicen
-dicen-
pero qué se yo.

Sentado a los mandos
de mi nave
fantasma -
soy un fantasma.

Desaparezco entre la niebla.

Psicofonías en mi walkman
que suenan a mi padre vivo.

Y si me viste, no ves.

Y si no me ves, nunca estuve.

Y si nunca estuve -

Fin.principio.o/la/nada/envuelta
en papel de topolino.




martes, 30 de marzo de 2010

Soberbia vergüenza




Siente vergüenza. Mientras escribe la siente.

Plano americano del protagonista haciéndose pasar por otro. Creando interés. Frunciendo el ceño y fabricando cara de reflexión-

Me hundo en mi propio vómito planito. La profundidad se gana metiendo las manos dentro de tu propio culo. Tocando carne viscosa. - El cuerpo de adentro que parecería ser de cualquiera, menos de uno.-

¿Me besarías el hígado? Y ella dejó de decirle “te quiero” tantas veces.

Ahora lo sabe. Los labios se te pudren queridísima. Se te cierran como un ano acariciado con una yema suave. Como cualquier mentira.

Buscando una voz que nos represente –algo que decir- en la diferencia/ nos repetimos.

Dale pibito. Ponele huevos. Cagá encima de tu mesa enfrente de los comensales.

Todos esos hablando de los de más allá. Parece que saben lo que dicen. Pero ahí estás vos. Con tu librito que te lleva a otro librito que te lleva a otro librito. A tientas. Con la inteligencia justa para emitir un juicio sano. Qué carajo voy a saber yo!!!! Yo lo intento. Digo. Romper el espejo/ es verdad que saben/ pero yo no.

Yo crecí en una habitación con paredes de madera y alfombra azul.

Desde un piso trece todo es más difícil. Vivís en el aire pero pisás suelo firme. Ascensor con palier. Cocina grande. Un salón vacío que usaremos cuando los invitados sean invitados. Un hermano en la otra punta de la casa, tan lejos que nos encontraremos 15 años después, con los mismos demonios pero filmados desde diferentes ángulos. Tres baños para que tus olores sean tuyos y de nadie más. Perros. Chica de la limpieza. Comida en el plato/caliente/siempre caliente. Club con amigos. Colegio con corbata. Misa. Padres de otros que te quieren como a un hijo/que te descuidan como a un hijo. Estupidez. Amor. Mimo sin compromiso. Papá y mamá que les hago un monumento y una lista de reclamos.

Y así vamos. Intentando recuperarle cancha a la promesa que creció en una silla de ruedas. Dándole el espacio justito para que pueda soñar con las cosas que hará cuando se ponga de pie. Y ahora que camina/le cuesta un precipicio dar un paso. El cerebro sabe y pide pero el cuerpo llega tarde.

A los golpes/ como siempre. Con esa mini conciencia que no le permite dormir a la noche. Buscando una voz que desea encontrar para decirles a todos que le chupen bien la pija.

Pero bien chupada.



viernes, 26 de marzo de 2010

Otro Adiós (texto de Tomás Ostiglia-brotherkeeper)





Te amé y te amo.


No consigo entender que no estés,
pero lo siento.
Intento hablarte como si estuvieras acá, conmigo,
pero no puedo.


El acto reflejo de querer abrazarte
es un dolor tan real,
tan hondo
que lastima.


Aprendo, que la diferencia
entre estar y no estar
es bien grande.


Y, como dice mi hermano,
no aprendo una puta mierda.


Intento sacar mi angustia y dejarla acá,
que se quede con estas palabras,
pero soy incapaz de hacerlo.


Necesito un whisky o dos,
con el rumor de la tele
o discutiendo como locos.


Estoy lleno de vos, bigote.
Cortado por tu misma tijera.
Y el pulso y el esfuerzo de las manos de mamá.


Es cierto que vos estás en mí,
en lo más profundo,
en todo lo que no puedo cambiar,
y hasta en este gesto.


Quiero abrazarte
y verte reír,
llamarte y que hablemos (un minuto)
encontrarte en bata, a la mañana,
y tomarnos un café.


-o dos-


Quedarnos chupando de madrugada
y verte filosofar y emocionarte.


Ser testigo de cómo ves crecer a tus nietos.


Contarte las cosas buenas que nos pasan
y ver que a vos también te pasan.


No estar solo.


Ahora, en este momento.
(y mañana y pasado y tras pasado…)


Martín, Marianita y yo, vamos a estar solos.


Tengo la alegría de haber formado una familia increíble
y dos hermanos gigantes, que adoro con locura.


Pero voy a vivir siempre
con la tristeza de haberme quedado solo.


Una vez más, pa.


Adios.





Dos veteranos




Viajamos por Gómez Ulla

- en un taxi sin conductor -

el fantasma de mi hermano y yo.


Buenos aires está caliente,

me cuenta.

Las cosas se cuecen a fuego lento

en la ciudad de la rabia.


Después de perder al mismo padre,

¿hay alguien más entero que nosotros para la vida?


Como dos boxeadores veteranos

aguantamos los golpes de pie.


No tires la toalla pendejo, me susurra

desde mi rincón.

Derecha, izquierda y movimiento de garza,

le aconsejo guardando su espalda.


Nos encerramos en nuestro gimnasio imaginario

e imaginamos el futuro.


¡Campeones de la concha de tu madre!

Y levantamos nuestros cinturones.


La audiencia ruge nuestro apellido

Brillante.


El fantasma de nuestro padre

levanta su whisky desde el primer asiento

-el mejor asiento de toda la sala-


Y lanza su risa emocionada como un regalo.


Desfigurados nos abrazamos

y nos prometemos una futura pelea

sin más golpes que la sinceridad.


Giramos en una esquina

Y ahora el taxi es un tren de feria.


Mi hermano me muestra su nariz de payaso.

Yo hago sonar mi corneta.


Vamos con música

fumando de nuestra trompeta compartida,

hacia un lugar más feliz.