lunes, 8 de noviembre de 2010
Ningún otro paso
Le tiro una cachetada al tedio. De las que duelen.
Mis pies sobre la mesa, extendidos hasta el hartazgo -
me amenazan en el kilómetro mil.
Una prolongación que no me pertenece
y que sabe cómo sacar el cuchillo.
Un apéndice dormido. Insultantemente inmóvil.
Me rasco la cabeza.
Pienso qué pudo ser lo que me trajo hasta acá.
Pero no tengo respuestas afiladas para preguntas pelotudas.
Hace un tiempo que ya no tengo. Paciencia, digo.
Pagaría dinero de mi bolsillo por recuperarla.
Y claro, miento.
Quiero gratis que se me reconozca el esfuerzo.
Todos estos años.
La inversión constante en fabricar un lugar mejor para nadie.
Vuelvo a mentir.
En ese departamento ordeno las cosas para unos pocos.
Me incluyo pero mirando desde la terraza.
Esa falsa humildad que nos hace ponernos fuera de lo que es nuestro.
Tengo patente en esta cátedra.
Soy dueño del idiotismo que rechazo en los demás
y la magia, muchacho,
la magia es una ilusión que hace creíble un mentiroso.
Me miro las piernas. otra vez.
Con los pies allá en el horizonte.
Y no imagino nuevo - ningún otro paso.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Cansado
Cansado de la libertad como concepto inabarcable y vacío.
Cansado de mi acotado terrenito en esa ausencia.
Cansado de las contradicciones que genera ponerse libertad entre los dientes
y sentir el agrio incómodo del libre encierro
Cansado de todos los que se erigen libres,
- revolucionarios de la pelotudez -
y permanecen presos de sus propias palabras
- de sus leves impulsos -
Cansado de mi.
Cansado de mirar alrededor y no encontrar – nunca - nada que me contenga.
Cansado de no hacer nada.
Físicamente cansado - cansándome de todo.
Cansado de que sea mi hijo el que siempre me salva.
(Pobre ángel mío - que en mi secreto - quién sabe cuándo -
sufrirá ésta carga que le dejo en herencia)
Cansado de los diarios y de los anuncios publicitarios.
Cansado de los publicitarios.
Cansado hasta el hartazgo de la estupidez:
Del ingenio
Del genio
De lo inmediato
De lo maduro
Cansado de mi orgullo y del orgullo del orgulloso.
Cansado del ego.
Cansado del miedo de los egocéntricos
De la timidez de los tímidos
Y de la obviedad de los talentosos
Cansado del talento
y de la transparencia del talento
Cansado del lento movimiento de la lucidez
y de los raptos de locura.
Cansado de la cordura - que tanto bien nos hace -
Cansado del televisor encendido
y de la madrugada -pausada y pastosa-
estirándose y ocupando la tristeza.
Cansado ahora mismo.
Me acuesto cansado.
Y no me duermo más.
martes, 1 de junio de 2010
El laberinto
El centro es la excusa.
Hay un descanso de mármol,
ahí nomás.
Y una fuente sin agua.
Se mastica
la tensión de haber llegado
a un lugar
en el que
te sentís
más perdido que antes.
El silencio apura.
El viento lima las hojas
incrustadas en la piedra.
Silba.
La tarde
es un lamento
de niño que crece
y se hace noche.
No sé levantarme.
Juego al miedo y a la soledad.
Y tengo miedo.
Y me siento solo.
Busco subterfugios
para quedarme a vivir acá.
A medio camino.
A una vuelta
de laberinto
de lo que aún me queda
por caminar.
miércoles, 14 de abril de 2010
Sorpresa
Para que no se mire.
Taimado como perfil que se supone.
Giro el gesto.
Engendrado el grito
sale en voz bajita – controlado-
y el muchacho no baila.
Semueve – eso sí.
El vaivén imperceptible
de un mar planchado.
Desaparezco ahora.
Fideíto houdini se pone de costado
Y ya no está.
Fuimos a comer a un subsuelo
y nos recibieron con un nombre.
Sueno a lo que dicen
-dicen-
pero qué se yo.
Sentado a los mandos
de mi nave
fantasma -
soy un fantasma.
Desaparezco entre la niebla.
Psicofonías en mi walkman
que suenan a mi padre vivo.
Y si me viste, no ves.
Y si no me ves, nunca estuve.
Y si nunca estuve -
Fin.principio.o/la/nada/envuelta
en papel de topolino.
martes, 30 de marzo de 2010
Soberbia vergüenza
Siente vergüenza. Mientras escribe la siente.
Plano americano del protagonista haciéndose pasar por otro. Creando interés. Frunciendo el ceño y fabricando cara de reflexión-
Me hundo en mi propio vómito planito. La profundidad se gana metiendo las manos dentro de tu propio culo. Tocando carne viscosa. - El cuerpo de adentro que parecería ser de cualquiera, menos de uno.-
¿Me besarías el hígado? Y ella dejó de decirle “te quiero” tantas veces.
Ahora lo sabe. Los labios se te pudren queridísima. Se te cierran como un ano acariciado con una yema suave. Como cualquier mentira.
Buscando una voz que nos represente –algo que decir- en la diferencia/ nos repetimos.
Dale pibito. Ponele huevos. Cagá encima de tu mesa enfrente de los comensales.
Todos esos hablando de los de más allá. Parece que saben lo que dicen. Pero ahí estás vos. Con tu librito que te lleva a otro librito que te lleva a otro librito. A tientas. Con la inteligencia justa para emitir un juicio sano. Qué carajo voy a saber yo!!!! Yo lo intento. Digo. Romper el espejo/ es verdad que saben/ pero yo no.
Yo crecí en una habitación con paredes de madera y alfombra azul.
Desde un piso trece todo es más difícil. Vivís en el aire pero pisás suelo firme. Ascensor con palier. Cocina grande. Un salón vacío que usaremos cuando los invitados sean invitados. Un hermano en la otra punta de la casa, tan lejos que nos encontraremos 15 años después, con los mismos demonios pero filmados desde diferentes ángulos. Tres baños para que tus olores sean tuyos y de nadie más. Perros. Chica de la limpieza. Comida en el plato/caliente/siempre caliente. Club con amigos. Colegio con corbata. Misa. Padres de otros que te quieren como a un hijo/que te descuidan como a un hijo. Estupidez. Amor. Mimo sin compromiso. Papá y mamá que les hago un monumento y una lista de reclamos.
Y así vamos. Intentando recuperarle cancha a la promesa que creció en una silla de ruedas. Dándole el espacio justito para que pueda soñar con las cosas que hará cuando se ponga de pie. Y ahora que camina/le cuesta un precipicio dar un paso. El cerebro sabe y pide pero el cuerpo llega tarde.
A los golpes/ como siempre. Con esa mini conciencia que no le permite dormir a la noche. Buscando una voz que desea encontrar para decirles a todos que le chupen bien la pija.
Pero bien chupada.
viernes, 26 de marzo de 2010
Otro Adiós (texto de Tomás Ostiglia-brotherkeeper)
Te amé y te amo.
No consigo entender que no estés,
pero lo siento.
Intento hablarte como si estuvieras acá, conmigo,
pero no puedo.
El acto reflejo de querer abrazarte
es un dolor tan real,
tan hondo
que lastima.
Aprendo, que la diferencia
entre estar y no estar
es bien grande.
Y, como dice mi hermano,
no aprendo una puta mierda.
Intento sacar mi angustia y dejarla acá,
que se quede con estas palabras,
pero soy incapaz de hacerlo.
Necesito un whisky o dos,
con el rumor de la tele
o discutiendo como locos.
Estoy lleno de vos, bigote.
Cortado por tu misma tijera.
Y el pulso y el esfuerzo de las manos de mamá.
Es cierto que vos estás en mí,
en lo más profundo,
en todo lo que no puedo cambiar,
y hasta en este gesto.
Quiero abrazarte
y verte reír,
llamarte y que hablemos (un minuto)
encontrarte en bata, a la mañana,
y tomarnos un café.
-o dos-
Quedarnos chupando de madrugada
y verte filosofar y emocionarte.
Ser testigo de cómo ves crecer a tus nietos.
Contarte las cosas buenas que nos pasan
y ver que a vos también te pasan.
No estar solo.
Ahora, en este momento.
(y mañana y pasado y tras pasado…)
Martín, Marianita y yo, vamos a estar solos.
Tengo la alegría de haber formado una familia increíble
y dos hermanos gigantes, que adoro con locura.
Pero voy a vivir siempre
con la tristeza de haberme quedado solo.
Una vez más, pa.
Adios.
Dos veteranos
Viajamos por Gómez Ulla
- en un taxi sin conductor -
el fantasma de mi hermano y yo.
Buenos aires está caliente,
me cuenta.
Las cosas se cuecen a fuego lento
en la ciudad de la rabia.
Después de perder al mismo padre,
¿hay alguien más entero que nosotros para la vida?
Como dos boxeadores veteranos
aguantamos los golpes de pie.
No tires la toalla pendejo, me susurra
desde mi rincón.
Derecha, izquierda y movimiento de garza,
le aconsejo guardando su espalda.
Nos encerramos en nuestro gimnasio imaginario
e imaginamos el futuro.
¡Campeones de la concha de tu madre!
Y levantamos nuestros cinturones.
La audiencia ruge nuestro apellido
Brillante.
El fantasma de nuestro padre
levanta su whisky desde el primer asiento
-el mejor asiento de toda la sala-
Y lanza su risa emocionada como un regalo.
Desfigurados nos abrazamos
y nos prometemos una futura pelea
sin más golpes que la sinceridad.
Giramos en una esquina
Y ahora el taxi es un tren de feria.
Mi hermano me muestra su nariz de payaso.
Yo hago sonar mi corneta.
Vamos con música
fumando de nuestra trompeta compartida,
hacia un lugar más feliz.
lunes, 22 de marzo de 2010
Descelebración
Papá me grita desde la otra orilla.
Matute!!!!
Y nos saludamos en miniatura.
Nadie, nunca más, me va a volver a llamar así.
Es curioso extrañar hasta tu propio nombre.
Necesito una persona vieja
que ocupe un lugar que quedó vacante en el abrazo.
Se me acabaron los padres
y los abuelos.
Nos sirvo un whisky invisible
Amarillo hasta la nausea
-bigote-
Y brindamos sin festejar un carajo.
Hoy descelebraremos la tristeza.
Y lo haremos como cuando una casa se queda sin luz,
Manoteando al aire
hasta no llegar a tocarnos nunca.
lunes, 15 de marzo de 2010
Fénix
Soy el que provee
Ese agua
En ese mundo.
En este tiempo de pérdidas
suaves -
como abandonos.
En éste desliz
sordomudo.
De transferencias intransferibles.
El dador.
El mecenas.
El no artista de lo cotidiano.
El traductor de la no lengua.
No escatimo esfuerzo
en esta abulia -
Y observo la necesidad
como quién disfruta de la belleza
de un bosque en llamas.
Miro por encima de mi hombro
Y no me reflejo.
Cual Fénix
me prendo fuego,
muero -
Y vuelvo a nacer analfabeto.
miércoles, 10 de marzo de 2010
Esos días
Te pasan esos días
en los que todo te sale mal.
Te despertás tarde
Tenés la boca pastosa
El corazón pesado en el pecho.
La mañana es una jeringa de anestesia
que te deja pelotudo.
Besas a tu mujer muerta
en la frente
y esperás a verla revivir.
Fuera de las sábanas
La habitación es un campo minado
de ausencias.
Sentís el nudo en la garganta
que no desata nadie.
Estás solo en el balcón.
Solo en el frío.
Solo.
Tu perra se acerca moviendo la cola
y aceptás la paternidad.
Le contestás a tu silencio:
todo va a estar mejor.
Y te quedás en tu vida.
miércoles, 10 de febrero de 2010
Se nos escapa el mundo
Qué hubo contado
esa lágrima. Expuesta.
Serpententea.
Hacia el polo
sur de su hechizo
no calibra
horizonte
en la medida que elije.
Fue todo arte o el fue el símbolo
el gesto?
Se ríe y le planta cara
al universo. Con un ja ja.
Con aires plateados
es más hombre que nunca
y nunca más que eso.
Una repetición.
Una moneda lanzada
a la atmósfera.
El exceso que habita los espejos
pasó
e inadvertido
hizo ademán de transparencia.
Miramos este día.
Como a todos los demás.
Y se nos escapa el mundo.
lunes, 1 de febrero de 2010
Saberlo
Es un momento, una respiración.
Una partícula de polvo iluminada
que se despega del resto del mundo y planea
por encima de nuestras cabezas.
Un gesto conocido con el que no comulgamos.
Una mirada que busca cómplices
y nos exige ser peores de lo que somos.
Una mañana como ésta,
más bella fuera que dentro.
Una mentira que nos despierta ungidos de verdad
y que reclama nuestra cobarde justicia.
jueves, 28 de enero de 2010
Otro jueves normal
Un diluvio terminaría con todo esto.
Con ese pasillo de ahí enfrente
que transporta gente dormida,
con ese túnel que los impulsa sobre rieles
de rutina e insatisfacción,
y que comienza a reclamarme.
Soy uno de ellos aunque
levante las manos y cierre los puños.
Vigilo desde la entrada la luz oro que nunca brilla.
Alguien intenta nadar a contra corriente
pero el lobo del pasillo ya lo alcanzó.
Le arranca los brazos y luego las piernas.
Después ágil y febril, se lanza sobre su cabeza
y le devora el cerebro.
Nadie puede hacer nada.
Y todos pueden hacer todo.
Pero el lobo del pasillo es tan poderoso.
Muestra los dientes
y son como flechas de plata.
Como espadas de Arturo.
Como lanzas de Longinos.
No se dispara el dardo que desmaya a la bestia
porque la mano que debería cargar el arma
se llena de cobardía.
El tráfico continúa
y es otro jueves normal.
Otro muerto que muere entre los muertos que viven.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
martes, 17 de noviembre de 2009
Oficina 171109
Como si estuviese en el fin del mundo.
Camino por la oficina arrastrando los pies. Tengo los oídos bien callados.
Llegué tarde y me senté a escribir unos cierres. Frases que concluyen una idea y la redondean.
Antes lo hacíamos diferente. Buscábamos la frase y luego llegaban las ideas. Es más fácil así. Como ponerle nombre a un perro. Sin nombre es imposible llamarlo y que venga. Con las ideas pasa igual. Encontrás un concepto, llamás a las ideas y ellas vienen. Sin concepto navegás por una gelatina de nada. Divagás. Jugás al mal artista que moldea sin saber hacia dónde se dirige.
No salí a comer.
Intento ordenarme pero se me está complicando. No estoy apurado por hacer nada.
El apuro es importante. Se activan las ansiedades cuando hay apuro. Papá no está bien, te tomás un avión a toda prisa repleto de ansiedades y hacés en el apuro. Inconciente de conciencia. Tenés cinco trabajos sobre la mesa y solucionás el primero pensando en el segundo, sabiendo que luego hay un tercero. Ese apuro no permite que entre el desorden. Uno, dos y luego tres. Las cosas se alinean solas en el apuro.
No tengo apuro hoy y estoy desordenado.
Me serví un café pero no tengo azúcar. Le doy un trago y está más amargo que la puta vida.
Lo abandono y me enciendo mi tercer cigarro del día. Estoy consiguiendo fumar menos. Seis o siete por día. Gerardo me dijo: si no te respetás a vos, por lo menos respetá a los cigarros. No te fumes todos, fumá los que se merecen ser fumados. Lo intento. Lo intento. Debería cortarme un par de dedos.
Pienso mucho en mi viejo. Me parece mentira que no esté ahora, cinco horas más temprano, abriendo el diario y tomándose el primer café del día, todo despeinado y enfundado en su salida de baño gris.
Te extraño bigote pero vivo en el esfuerzo de recordarte con alegría.
Estoy como las casas cuando sufren una mudanza, lleno de ausencias y en apariencia, vacío. Con mil historias mudas en cada uno de mis rincones.
miércoles, 21 de octubre de 2009
Carta a mi viejo
¿Cómo me pongo a escribir de vos sin sentir que todo lo que pueda decir se va a quedar corto? ¿sin pensar que no existen palabras tan enormes y frases tan perfectas y construcciones tan exactas y justas, que te describan tal cuál fuiste? ¿Cómo hago, papi, para no derrumbarme en este silencio que se instaló en cada uno de los rincones que me habitan y que lleva esta tristeza a la que no puedo ni rotular? ¿Cómo hago, bigote, para empezar a crear un diálogo en el que tengo que inventarme tu voz?
Hace muchos años intentaste explicarme cómo lo habías hecho vos con tu viejo, como dejaste que el tiempo funcione como la herramienta más perfecta de erosión del dolor.
Por ahora no me sale. Todavía caminás demasiado vivo por mi rutina que intenta hacerse a la idea de tu ausencia.
Tengo un dolor de hijo que te pierde tan profundo que me cuesta hasta mirarme en el espejo. Te llevo en todos mis gestos.
Hace 20 días te llamé desde el aeropuerto; nos habíamos despedido una hora antes con un abrazo que juraba que nos volveríamos a ver, para decirte que eras el mejor papá que ningún hijo puede desear. Yo no quería que suene a despedida y seguramente vos tampoco. Pero vos te morías y yo estaba cagado de miedo.
Después pasó todo lo que pasó, la semana de vuelta en Madrid, el viaje corriendo porque te habías descompensado y a Mariana le daba un miedo terrible que no llegue a verte y en definitiva, las veinte horas de avión que fueron un siglo, aterrizar, bajarme corriendo, salir por la puerta y recibir la noticia de que tres horas antes tu cuerpo había dicho basta. Después un viaje en auto como borracho y llegar a casa a verte en tu cama, como si estuvieras dormido, como si en realidad estuvieras muerto. No puedo creer que estés muerto.
Dame un segundo. Me fumo un pucho y sigo.
Estoy cagado de miedo, papi. Te moriste y no puedo sacarme este miedo puto del cuerpo.
El otro día le contaba a Gonzalo un sueño que tuve, yo era chiquito y vos estabas igual que hace un mes, enfermo. Me tenías de la mano y no nos movíamos, estábamos en la playa mirando al mar. Yo agarrado de tu mano iba creciendo hasta que en un momento del sueño, cuando ya era más que un adolescente, te soltaba la mano. Nos quedábamos así, uno al lado del otro mirando al mar sin tocarnos. Pero en un momento, ya siendo yo casi el que soy hoy, apoyaba mi mano sobre tu hombro. Esto duraba un rato bastante largo, lo suficiente para darme cuenta que lo que estaba ocurriendo en el sueño es que yo estaba apoyado en vos, que me sostenías. Y de pronto; de un segundo para el otro, desaparecías. Desparecías y yo me desequilibraba y estaba a punto de caer al suelo. Después me desperté.
Llevo doce años viviendo en otro país pero vivía apoyado en vos.
Fue un montón de gente a tu entierro. Un montón de gente que te quería. Y se acercaron todos. Y todos nos abrazaron y todos nos dijeron la increíble persona que habías sido. Hasta fue el asqueroso del colorado, y te parecerá extraño pero hasta juraría que estaba triste. Fue gente del club, tus amigos del Liceo, gente de Hindú, amigos de Tomás, amigos de Mariana, mis amigos. Tuviste la despedida que te hubiese gustado tener. Yo sé que a vos te interesaría saber esto porque alguna vez me dijiste cuánto te entristecía ir a entierros en los había poquita gente, como si esa poca gente fuese el resumen de lo que el muerto había sido en vida. A veces calculabas así, muy a lo bigote.
A lo mejor ésta sea la primera y la última carta que te escriba. A lo mejor haya mil más. Por hoy es suficiente con este poquito, si sigo me muero yo.
Te extraño con todo.
Tres hermanos
Veo tres hermanos
-abrazados-
en medio del desierto
sin saber hacia dónde
empezar a caminar.
jueves, 10 de septiembre de 2009
Ganarle al abandono
Caminando por el sendero de puertas
la casa se llena de acompañantes.
El encierro visitado viste la soledad
aunque la hace más profunda.
Dónde están los que deberían leerme
como un mapa tantas veces transitado?
Hay un cerca
dotado de un realismo que asusta
que dibuja los lazos más débiles
en pretendidos indestructibles.
Usamos lo que tenemos a mano
y lo que tenemos a mano
es un pájaro enfermo
dentro de una jaula cerrada con candado.
Visito mi suburbio
de pena y desaliento.
Soy una isla
guardada sin conciencia
por tiburones
que me obedecen.
Salgo a correr de la mano de alguien.
Pasan las cuadras,
las casas de gente que no conozco pero imagino,
las plazas que podrían hablar de mi,
y mi acompañante,
(silencio)
ya se hizo aire en mis dedos.
Me siento en una esquina
a pretender no sentir este temor.
A ganarle al abandono.
miércoles, 19 de agosto de 2009
El hombre gris
Hubo un tiempo
en el que fui más feliz.
Me desespera la vida echada a la suerte.
Cada vez que observo con ojos callados
la gente se hace un grumo sobre la belleza.
Una familia inentendible se ajusta en silencios infinitos.
Un hombre enfermo muere junto a su madre, mientras toman café.
Un homosexual me invade de miraditas.
Un grupo de tres; señoras ellas que se resisten al paso del tiempo,
debaten y se disputan el trono a la fealdad / las tres se llevan premio
Tengo frío.
La ciudad; más que nunca,
ha posado su velo de hollín sobre mi encanto / ya soy el hombre gris.
pero nunca supe cómo salir de aquella ola.