lunes, 23 de julio de 2012
23 de Julio
jueves, 24 de mayo de 2012
Gatoperro
lunes, 14 de mayo de 2012
Lunes
viernes, 4 de mayo de 2012
Las manos
martes, 1 de mayo de 2012
Salvar
viernes, 20 de abril de 2012
Lucrecia
lunes, 20 de febrero de 2012
A Luis Alberto Spinetta
Es un día tan triste
La lágrima sobre el diamante
se supone
El plástico del cd astillado
en su propia existencia limón
prueba del paso inevitable
y certero
La huella ácida
camino de Caronte
Adentro del ojo
la melancolía niega toda verdad
y se sujeta
La lágrima resiste:
no es mi padre
Afuera pasa el día de los hombres
La jornada trivial
Las repeticiones
Conozco la sensación
de ver morir a un gigante
Dormir el abandono en la altura
volando a casa
y no llegar
siquiera
a acariciar ese escondite
La ausencia ahora
es esta voz mil veces más mía
Palabras repetidas sin guirnaldas
Frases cerradas
sí
aunque huérfanas del eco creador
Símil bahión
que no significa nada
pero igual ilumina
Amputada la melodía
no corrige el rumbo
Se ubica en un espacio sin padre
Pedazos de sonido
esparcidos sobre la vida
La herencia desordenada
El obsequio disperso
Rompecabezas
La última ironía
de Perseo
que elige la verdad
a la tierra.
jueves, 8 de diciembre de 2011
Partes para un hijo
Cuando te vuelva a mirar
y seas diez
veinte años más
y la experiencia te confunda
como a mi, ahora
Cuando no te alcancen
los laberintos
y seas acá
o en otro país
pero seas vos
Mi rubio
con esa cara de quererte
que ya te quieren
Cuando te falte
o sólo consigas de mi
una sombra
Cuando no tengas
o no quieras
o elijas negarme
Porque hay que negar hijo
Para aprender a querer bien
hay que aprender a negar
casi todo
Y ese dolor primero
ya lo verás
Ese dolor
después se transforma
La luz es más intensa
Yo la veo ahora en tus ojos
Mis viejas disputas
mis abandonos
Todo mudado
en este amor torpe pero brillante
A borbotones
Apresurado
De hoy
Cuando te mires al espejo
y sólo encuentres
la herencia en vos mismo
Está bien
Es lo que tiene que pasar
El tiempo
se ocupará de resolver
esas soledades
Uno a uno
nos irá poniendo en tu cara
para que cuando te mires
puedas vernos
Y
dentro de muchos años
Cuando descubras
la otra verdad
adentro de la la verdad
Cuando el padre
se haya esfumado
y se revele el hombre
Ese día
Hijito mío
vas a ser más libre.
Lectura para mi juventud
El canto que arrastra
Templa
Será de mañana
Bolaño y su Flandes
Andino
Este Madrid de sol
Y secretos.
jueves, 1 de diciembre de 2011
Herencia
Mamá se sentó
y la televisión gritando
alma amordazada
aquella
Maniatada
borracha
Mezcla triste en el humo
azul
Chesterfield
de tardes vacías
Mamá se sentó
y paralizó la niñez
Fantasma plateado
en la mesa
de siempreluz
observo
ahora
mientras repito calcando
copiando el simulacro
muriéndome
igual de cáncer
de mamá de páncreas
de terapia intensiva
tumor del tumor
del tumor
extirpado
maligno como una vacante
como un abrazo
vacío sin cuerpo
atávico y en el humo
azul
la misma mezcla
orbitando
las estancias más frías
las manitos así
apretadas
que no se vuele
hechas de hielo
sin aire
nueces cerradas
como un ataud
cae sobre la tierra
se parte
y se pierde la herencia.
viernes, 18 de noviembre de 2011
Desaparición
Más chico
que la estatua del tipo ese
que es piedra de hazañas.
Más chico
que el libro abierto
en ese verso,
clavado en la emoción;
sangra inteligencia
y así noquea.
La sensación de vigilia
nos mantendrá a tientas
pero con vida
en el mundo negro.
Más chico
que el recuerdo de mi club
aquel día de lluvia.
Los pantalones rotos
en las rodillas,
el jogging nuevo herida de mi vieja
y su esfuerzo subrayado,
ahora impostura.
Un guante de sastre
la maternidad.
Recuerdo dulce, recuerdo lácteo
el joven decrece;
el niño ahí
el niño panza,
ahora es todo bolsa,
miedo líquido.
Más chico
que el temblor éste
mientras afuera
la lluvia.
Llegando a la desaparición
fálica de un encuentro,
no somos ni siquiera memoria.
viernes, 11 de noviembre de 2011
Nada me guía
Fuera de mi
el juego que conjuga la novedad y la rabia.
Exceso de prudencia,
el silencio y las piernas cruzadas
encierran la casualidad
que pretende ser resuelta.
Nada me guía.
Todo se intuye.
lunes, 31 de octubre de 2011
Muerte de un animal
El campo, a esas horas, es una enjambre manso de soledades. Los árboles allá; agrupados y silenciosos, los perros echados con la panza en el fresco y la casa al fondo; un islote en medio de un océano vasto y frondoso que se acaba dónde la vista no alcanza a ver. Ni el rumor del pueblo en la distancia sugiere un pueblo. La ruta después del camino de tierra, más allá del portón de madera y hierro, ni siquiera silba.
Bajo el ombú, la jaula oxidada vence al animal y no lo vemos; un amasijo marrón que arrasa con el conjunto de exactitudes y lo altera afeándolo levemente, una miga rugosa hundiéndose en un vaso de agua.
En la cocina el hombre observa por la ventana. El rifle apoyado sobre las rodillas no reluce. El gesto del hombre se presenta aséptico y ausente; ojos vacíos para otear al animal que ahora se mueve.
Las moscas alrededor de la cabeza santifican al bicho, una corona de desgracia que revolotea agitando la quietud y haciéndola incluso, un poco más tensa.
La pava chifla y el animal se incorpora. El sonido del vapor a presión y el movimiento del rey coinciden en una misma alarma con su inmediata consecuencia. Aunque no es una advertencia real ya que el grito de la casa es mudo y el animal demasiado viejo para escucharlo.
El hombre mira a la bestia. El pelaje apoliyado y roñoso, y una parva indefinida de años acumulados en los mazacotes de pelusa percudida. La fuerza justa para estirar la cabeza y bostezar con la boca inmensa y podrida; la boca de un anciano.
El hombre respeta a ese animal, en secreto. Añora a la bestia, eso sí, pero no la culpa, más bien todo lo contrario. Los años de encierro con el campo ahí nomas, la libertad detrás de los hierros que nunca llegó a comprender; los pasos cortos en ida y vuelta, en redondo, hasta caer exhausto de incomodidad. Día tras día, año tras año, venciéndolo hasta transformarlo en esa idea; en la proyección física de una realidad que parece pero no es.
Y aquí, el remordimiento del hombre y su conciencia, la culpa merecida. Tan viejo el monstruo y tan encerrado, exacto a su simulacro; aunque algo más triste, más abatido.
Apoya el rifle en el suelo y agarra el mate. Acomoda la bombilla en la yerba, echa el agua caliente y en el aire se dibuja un fantasma de vapor que no dura; luego chupa.
El cristal de los ojos se humedece.
No mira el reloj. Toca la esfera redonda y el frío suave y abombado del tiempo parece chistarle que no hay espacio para más demoras, que ya debería estar saliendo.
Levanta el arma del suelo; no duda, y comienza a caminar hacia la puerta. Quince pasos firmes y encorvados; sale al rellano. Los perros lo reciben a los saltos. Se los saca de encima pero sin palabras. Lo hace con la contundencia de ese andar decidido; los clava sobre la tierra y los deja ahí, mirando en blanco y negro su silueta alejarse en brioso desfile, en marcha corajuda hacia no se sabe muy bien qué valentía.
El monarca lo espera de pie; erguido, el pecho hacia afuera y la vista al frente, y mientras el hombre avanza el animal va ganando en envergadura; recuperando con cada paso parte de esa majestuosidad abandonada en el baúl de la memoria.
Frente a la puerta de la jaula el hombre echa un último vistazo a su cautivo.
Desde dentro, la bestia observa a su captor y no hay rencor en el gesto.
El hombre saca una llave herrumbrosa de su bolsillo y destraba el encierro. El animal no se mueve.
Abre la puerta. Entra.
El animal da dos pasos hacia el hombre.
El hombre levanta el rifle.
El León se agazapa; aunque nunca sabremos si lo ha hecho para atacar o en señal de renuncia.
En el pueblo se escucha el disparo. Revuelo de pájaros.
La puerta de la jaula está abierta. Los perros ladran.
Un animal acaba de morir.
Recostando sobre la hierba, el otro animal mira una puerta abierta y no calza en ese símbolo, ningún tipo de libertad.
martes, 27 de septiembre de 2011
Casa compartida II
-¿Querés un café?
-Venga…
-¿Azúcar?
-Dos, por favor.
Nos sentamos a la mesa
de la mañana, sin análisis.
Todo está bien.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Casa compartida
En la heladera
la leche sigue en su lugar.
No se ha tocado nada aún.
Pasarán días
antes que el efecto de ocupación
se convierta en bienvenida.
Callo mis pretensiones,
las enmudezco sentándolas en un sillón
que ahora
comparto en propiedad.
La casa acepta la llegada.
¿Desde cuándo los muebles saben reír?
Me saco las zapatillas
y tímido, las huelo.
A partir de hoy
mis olores pasarán a deliberación
de la mayoría.
lunes, 12 de septiembre de 2011
Caras
Pienso en caras.
Con todas las chicanas y dobleces;
puertas.
resumen del contenido al que me dirijo;
gestos inconcientes de un cerebro.
Las caras condicionan mi dicción.
Mi pensamiento se ajusta a las muecas que lo reciben.
Pienso mal.
Pienso en caras.
viernes, 2 de septiembre de 2011
En el asado
En el asado.
Vivimos en ese crepitar.
Nos sienta a la mesa.
Nos cubre el apellido
y el tizne; la brasa explota,
chispas.
Vino para los grandes,
los chicos corren por ahí.
Hablamos nuestros casi cuarenta,
nuestra reciente orfandad.
Lo hacemos con el silencio
que es la palabra mejor hecha.
Llega la carne
Perfecta
En su punto.
Se abre el apetito de familia.
Mañana me subo a un avión.
miércoles, 31 de agosto de 2011
El archivo del exilio
Cajas y cajas de memoria borrosa.
Clasificar el lugar del que se ha salido
mientras se desentiende
el sitio del que uno no es.
En esos idiomas paralelos;
un tu, pozo hondísimo
en el que el vértigo afloja las piernas.
Calles pegoteadas, ¡cómo cuesta
llevar un camino recto, amigo mío!
El paso no termina
de ser del todo propio,
por eso pesa más.
Hay tantos cielos
y tantas tierras en el mundo;
parajes que nos despertencen,
que nos descorresponden,
que sólo se vuelve a casa
cuando la mirada renuncia del exterior
y uno encuentra los ojos de adentro.
La casita del exilio es el pasado
pero como los parques más verdes,
a veces no se puede pisar.
Llénese de aire el pecho, compañero
y airee la nostalgia;
la pena será esa camisa con botones
que a veces tendrá que arrancarse
a lo increíble Hulk.
Y siga viviendo en usted,
sea orgulloso y solitario;
el único habitante del país de su nombre.
sábado, 23 de julio de 2011
Feliz sábado
Este sábado caluroso
cumple tu día
reemplazando tu cuerpo ausente
por un cielo, en apariencia,
democrático.
La tarde confusa
te ubica sobre las cenizas y las cabezas,
coronando la vida de los otros
y la memoria.
Yo te saludo
como se saluda a los invisibles;
puertas para adentro-
una vela encendida en el secreto.
Piloteando una sonrisa en esta mueca triste,
no parece pertenecerme este festejo.
Feliz sábado, revoleo por la ventana.
Y no te llega.
Y no me siento mejor.
martes, 28 de junio de 2011
Tandarica
Nos sentamos en una mesa
a debatir el futuro de 450 pibes
entre bostezos y nervios.
En reuniones como ésta
suele haber todo tipo de perfiles.
Están los que atan la tanza al anzuelo
sin que los vea nadie.
Están los que cargan el arma arriba de la mesa.
Están los farmacéuticos de espíritu
y los mercenarios que tienen un precio
tatuado en la frente.
Están los románticos que perdieron el romanticismo
y sólo les queda la pose.
Están los que saben de lo que hablan
y están los que saben mucho de lo que hablan.
Los que no saben nada; nada
de nada de nada, suelen ser los más simpáticos.
Yo estoy en el borde de la mesa,
invisible pero en mi camisa.
Me miro en el espejo de refilón
y veo un payaso triste.
Me como una medialuna
intentando no hacer demasiado ruido.
Pienso en los 450 pibes aún sin cara
y en lo que les espera.
16 leones para 450 gacelas. Y un payaso de árbitro.
Saco un Tandarica y me desplomo contra el suelo.
Me rompo tres costillas y me jodo la clavícula.
Nadie se ríe.
Me levanto y me siento a terminar mi café
aunque no puedo respirar bien.
Se te corrió la pintura,
payaso pelotudo…
Es así, respondo; la lágrima negra del payaso triste.
Todos se ríen.